
Os digo una cosa, la primera versión de un guión siempre es una basura. Así, directo… ¡PLAS!
Da igual que la escribas en 15 días full time o a ratos durante años. Cualquier guionista con apego a su trabajo lo sabe y lo niega a partes iguales.
Cuando hemos parido esos tochazos, acabamos tan exhaustos y tan enamorados de nuestra criatura que somos incapaces de reconocer que de esas 112 páginas que nos hemos cascado sólo hay un 40% rodable.
Evidentemente, todos vamos del palo “claro, es una primera versión… hay que corregir muchas cosas”, pero en el fondo no nos lo creemos. A no ser, claro, que el guión esté escrito entre varios. Entonces sí lo crees fervientemente porque todas esas cosas que hay que corregir, casualmente, son las que no has escrito tú. Y no te sientas culpable ahora, por favor… Tus compañeros piensan exactamente lo mismo de tus secuencias.
Que conste, para el que observe este mundo de los guionistas desde fuera, que no es un tema de egos (a veces sí) o de falta de autocrítica (a veces también). Es una cuestión de “ilusión”. La ilusión es el motor que nos lleva a invertir horas y horas delante del interfaz del final draft y a trabajar (en el mejor de los casos) por una cantidad de pasta que no catarás hasta dentro de muchos meses y que jamás reconocerá del todo tu talento y tu esfuerzo. La ilusión es esa venda imprescindible que nos ayuda a no dejar el guión a medias y que una vez acabado nos impide toparnos de verdad con nuestras cagadas.
El efecto se pasa rápido… Un mesecito sin tocar el guión y cuando volvemos a él nos encontramos con todos esos fallos parpadeando con luces de neón. Esos diálogos interminables… con esos “¡Vaya!”, “Maldita sea”, “Pero…” que no hay actor humano en este planeta que los diga con naturalidad… Con esas secuencias con nuestro protagonista yendo a trabajar que no aportan nada… Con esos segundos actos donde paramos la película, nos acomodamos y contamos tediosamente todo eso que no queríamos soltar en el primero por aquello de arrancar ágiles y no nos apetece contar en el tercero para no tener un final demasiado explicativo.
En definitiva, la primera versión debería ser una versión cero de uso internísimo. Vale que nos matan las ganas por enseñar nuestro curro, pero enseñar esa versión
Todo esto viene porque, por las prisas (qué raro, ¿eh?), acabé presentando a mi productor la primera versión del proyecto en el que estaba currando. Las reacciones fueron como siempre loquísimas. Pero esto en el próximo post…