Nota: me aburren los posts larguísimos. Odio leerlos y que me los hagan leer. He dividido este tocho en dos. La segunda parte la tendrán mañana mismo, puntual como un reloj.Tras la famosa confesión del otro día en la que me declaraba un ladrón de mierda,
ha llovido mucho. Como en “Forrest Gump” el agua ha venido por todas partes; por arriba, por la izquierda, por la derecha y hasta por abajo… Ninguna sorpresa, nada nuevo bajo el Sol. Se han dado tantas opiniones en tantos frentes que
voy a intentar articular este post de la manera más ordenada posible, pero perdónenme si salto de un tema a otro y vuelvo a empezar.
Cuando
me declaré culpable de robar a la industria del cine y la televisión mundial lo hice sin preocuparme o no de que mis actos estuvieran contemplados por la ley como un delito. Lo hice teniendo en cuenta única y exclusivamente mi más sincero
sentido común. Me sorprende lo mucho que se agarran algunos al progreso, a la evolución, al cambio como excusa para defender las descargas y sin embargo
se escudan tras leyes que se han quedado arcaicas a este respecto. Claro que la industria debe cambiar y adaptarse, pero la Justicia también ¿o el progreso sólo mola hasta que las cosas que deben tener un precio dejan de ser gratis? Alguien tiene que poner límites en esta merienda de negros.
Me sorprende que se haya usado tanto y con tanta seguridad que un ladrón sólo puede considerarse como tal si roba algo para sacar
un beneficio económico. Mi sentido común vuelve a estar en desacuerdo. ¿Alguien que roba un grabado de Goya en el Prado, únicamente para colgarlo en el salón de su casa y mirarlo cuando desee, no es un ladrón? ¿Qué es entonces? ¿Un residente de provincias que no tiene acceso a la cultura y reivindica su derecho? ¿Hace falta que lo ponga a la venta en el rastro para que la justicia pueda actuar contra él?
Pianista, absolutamente de acuerdo en que
los que se están beneficiando y mucho de esta situación son las operadoras de Internet. Quiero creer que algún día la Unión Europea tomará cartas en este asunto. Ellas son las grandes ganadoras de esta guerra, pero más allá de Telefónica o Jazztel también se extiende la pasta.
¿Acaso las webs de enlaces o de subtítulos no cobran por sus banners de publicidad? Si busco “emule” en google y le doy al primer link para poder descargarme el programa veo que la web de turno ha contratado los servicios de
Google Adsense. ¿Qué hacen los administradores de esas webs con todo ese dinero? No creo que se lo devuelvan a los auténticos propietarios de los beneficios que esas obras generan. Por cierto, creo recordar que cuando quieres incorporar el Adsense a tu web, Google te pide que jures y perjures que en tu web no se va a violar derechos de autor ni nada similar…
¿Google… qué pasa, tíos?Se ha hablado mucho también de que
no se puede comparar cine o música con comida o coches. Para mí es comparar
productos con productos. Ni más ni menos. Lo que es ilegal en un mercado debería servir para otro. Quizá para eso deberíamos dejar de depender del Ministerio de Cultura y pasarnos al de Industria como lo hacen las televisiones. Quizá
los productores deberían empezar a dar sus primeros pasos sin las ayudas de las subvenciones (porque sí amigos, la grandísima mayoría de las subvenciones se las llevan ellos y no, como algunos creen, los directores, guionistas o actores), quizá así nos quitaríamos de encima mucha productora morralla y tendríamos
auténticos profesionales dedicados a enriquecerse única y exclusivamente de la expectación que generen sus productos en los cines, videoclubs y carrefoures del mundo.
Ah… y
me da igual que lo que yo me bajo sea una copia digital y hoy por hoy sea lícito hacerlo. A ver si lo asumimos y empezamos a valorar de una vez por todas nuestro trabajo. Ese archivo que acaba de aparecer por arte de magia en nuestra carpeta incoming no es sólo una recopilación de unos y ceros. En esa copia
están las ideas, el trabajo y el talento de mucha gente y esa gente, sean guionistas, directores o productores deberían tener
derecho a decidir si quieren estar o no ahí. Me pregunto si los guionistas reconocidos, anónimos y fingidos que a raíz de este tumulto se han declarado amigos del emule colgarían su película el mismo día del estreno.
Negar que la piratería esté haciendo daño a la industria (de todas las nacionalidades no sólo española) es absurdo porque los datos están ahí.
El número de espectadores cae año tras año en las salas y precisamente en 2007, por primera vez en la historia,
las ventas de dvds bajaron. ¿Alguien duda de por qué se han sacado las grandes majors el Blu-Ray de la manga?
Evidentemente,
la industria tendrá que aprender a convivir con la piratería y las cosas cambiarán porque no le queda otra. Claro que el cine no se va a acabar. Claro que la mula no va a matar a coces a uno de los hábitos de ocio preferidos de las parejas los fines de semana. Puede que se hagan menos películas, puede también que se invierta menos en ellas (cosa que posiblemente las historias americanas acaben agradeciendo y en España sufriendo) y puede que sus formas de explotación varíen por pura necesidad.
James Cameron, que es algo así como el Blu-Ray de los directores ha entendido perfectamente que
la experiencia de ver una película en la sala tiene que ir mucho más allá de lo que el espectador obtenía hasta entonces. Este loco ha creado para su nuevo proyecto
“Avatar” un revolucionario sistema de imagen en 3D y audio que promete dejarnos más flipados que un buen viaje de LSD.
¿Tiene Cameron la clave para hacer imprescindible la asistencia a las salas si queremos disfrutar al 100% de la película? Cuando los defensores de la piratería piden que la industria espabile, ¿les parecerá suficiente esto… o se sacarán de la manga una nueva excusa? Ah, claro… el señor de provincias no podrá viajar hasta los grandes cines para disfrutar de la experiencia sensorial… Estaremos en las mismas.
En el próximo post... mis pelis en la red, el puñetero canon y el respeto a la profesión.
Continuará...