domingo, 14 de septiembre de 2008

El pedo



Hace algunos años me encargaron adaptar la biografía de una vieja gloria del cante español para hacer una mini serie de 3 capítulos. Imagínense a un servidor, amante del high-concept y los blockbusters de turno, sumergiéndose en ese mundo de malagueñas, seguidillas, “niñas de la puebla” y actuaciones ante Franco.

Ya saben que yo me dejo convencer rápidamente, pero en esta ocasión, a pesar de las previsibles reticencias iniciales, fue surgiendo un feeling con la historia según iba profundizando más y más en la vida de este artista que vamos a rebautizar como “Pedrito Marchena”.

Partíamos de la típica historia en la que el talento auténtico explota en el seno de una familia pobre no, pobrísima. El padre, uno de esos hombres de la época que creían que los artistas eran todos unos vagos y unos maricones, apechuga ante el empuje de Pedrito y se traslada a Madrid con una mano delante y otra detrás. A partir de ahí; hambre, penurias, encuentros y desencuentros en un vaivén de personajes imprescindibles en la historia de la copla y el arte de este país. Pero cuando está a punto de conseguir el reconocimiento y la fama, el pobre Pedrito ve cómo estalla la Guerra Civil y su vida, como la de todo el país, se para en seco.

Es en ese momento cuando la historia se hace ENORME. ¿Qué hace un artista en mitad de una guerra? Pedrito fue al frente, pero no pegó un solo tiro. Empezó a ganarse unas monedas actuando en las trincheras republicanas. No por elección sino, como le pasó a otros tantos de un bando y de otro, porque la suerte le lanzó a ese lado. Las balas le sobrevolaban literalmente la cabeza, pero él no dejaba de cantar. Posiblemente fueran las actuaciones más duras de su vida, pero también las más rentables porque los soldados, a sabiendas de que posiblemente ninguno de ellos volvería a casa, le daban emocionados todo su dinero.

La guerra se hizo más cruda y reclamaron al joven Pedro a filas. Él, que no sabía ni coger un fusil, habló con sus superiores y llegó a un pacto. Libró a otros artistas de morir en las trincheras a cambio de formar con ellos una compañía con la que animaría a las tropas el tiempo que durara el conflicto. El ingenio de Pedrito salvó la vida de cantantes, guitarristas, músicos y bailarines e hizo más llevadera la dura existencia del resto de soldados.

Un “Schindler” español, sí… Sólo por este capítulo ya merecía la pena contar la historia de este hombre. Así que para indagar más sobre su vida viajé junto al productor y otro compañero guionista hasta Sevilla para que nos contara el propio Marchena en persona algunos detalles de su experiencia vital.

Ya, vale… Intuyo sus caras de “pues vaya cosa”… No fue como ir a visitar a Bob Dylan, pero después de meses de trabajo conocer a una LEYENDA en lo suyo como era este entrañable anciano fue algo tremendamente trascendental. Pasamos un día charlando con él. A pesar de su avanzada edad, tiró de una prodigiosa memoria y nos contó con pelos, detalles, nombres y apellidos todo lo que quisimos y más.

El momento "cumbre" llegó cuando en un momento dado se levantó de su sillón, pasó delante de mí y se tiró un pedo en toda mi cara. El pobre ya tenía una edad y posiblemente ni se enteró. El resto de compañeros tampoco porque fue uno de esos pedos relativamente silenciosos, calientes, sin fuerza pero constantes… de los que dejan rastro. Mi imperturbable rostro intentó no acusarlo en ningún momento. Aunque ya se imaginarán que fue la coña recurrente en el viaje de vuelta a casa.

Finalmente, como tantísimos otros proyectos en la carrera de un guionista, la serie nunca se llegó a hacer. Pero me llevo el haber convivido con la historia de Pedrito Marchena durante meses, el haberle conocido poco tiempo antes de su triste muerte y haber esnifado el gas de una leyenda como fue aquel inolvidable pedo. Pocos guionistas pueden presumir de que un genio se cuescó en su cara.

Pedrito… qué grande eres.

10 comentarios:

gromland dijo...

Oh, por la Bella Calíope y demás musas inspiradoras, lástima no haber podido disfrutar de tal miniserie. Ya estoy viendo las primeras imágenes: una coqueta sala de estar, una bailora flamenca y el torito empitonado sobre un mastodóntico televisor Grunding, tapetitos caleidoscópicos sobre los reposabrazos de un viejo sofa de eskay... y ese artista marchito que, a consecuencia de unas lentejas a la riojana, expulsa una silibante y cálida flatulencia que, cual magdalena proustiana, le retrotrae al olor de las trincheras. Y comienza a reflexionar, gracias a su traicionero cuesco, sobre lo mierda que es la guerra entre hermanos, pero que un espítitu libre y con agallas siempre puede... Ah, ¿que no tengo más tiempo? Perdón y muchas gracias.

Mosky dijo...

Joder, pues hay curiosidad por saber quién fue el susodicho, porque pasarse la Guerra cantando en los barracones tiene su mérito.

Miss Julie dijo...

A mí me ha gustado mucho la historia, aunque lo del pedo le quita mucho glamour al asunto...

Mira que tengo rechazo por esa palabra, prefiero eufemismos como cuesco o algo así, un prejuicio educacional como otro cualquiera, supongo. Y es que una, al fin y al cabo se educó en un colegio de señoritas. Nobody is perfect

Chico Santamano dijo...

Por si no queda lo suficientemente claro, en la foto hay una pista... y no es del nombre.

Miss Julie, a los mitos hay que asumirlos y abrazarlos así. Con sus luces, sus sombras, sus pedos...

quitus dijo...

¿Juanito?
interpretado por ¿el Fari? ¿Chiquito? ¿Arús de cuclillas? (cuando hacía de Nuñito se ponía de esa guisa http://www.youtube.com/watch?v=p2YppzEyMls&feature=related)

Mosky dijo...

¿Cuesco es un eufemismo para pedo (en fin, en mi tierra es más peo que otra cosa pero bueno)? Cuesco suena infinitamente más bruto.

En cuanto a la pista, siempre he sido muy mala con las adivinanzas.

Breuil dijo...

Qué envidia... ¡ser peído por una leyenda!.... :P

Tengo un amigo tan tan fino, que usa como verbo "pederse", que es como pedir en una cafetería un "colacado". Lo que no sé es cómo se los tira, si con "d" o sin ella.

Lo que es una pena es que no se llegara a rodar la serie.
Enmhorabuena por el blog

Txutxo siempre creyo en ti dijo...

Ese pedo tenia ke oler a perro mojado...jajajajaja me parto...es un usté un crack.

Anónimo dijo...

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