
Tiempo atrás…
Hace años, a Elsa Pataky se le escapó el final de “El arte de morir” en plena rueda de prensa presentación de la película. El equipo allí reunido la quiso matar ante semejante spoiler.
Hace menos años, el protagonista de una de las pelis en las que he currado se negó a hablar con determinada revista porque unos meses antes le habían llamado “guarro” (por las pintas del personaje que interpretó en aquella época). Como esa revista formaba parte de un grupo editorial más grande, el resto de revistas hermanas se solidarizaron por el veto a la publicación en cuestión e hicieron el vacío a la peli.
Hace menos años aún, Óscar Jaenada andaba de promoción de “XXL”. Y soltó en una entrevista que ese tipo de películas no le interesaban lo más mínimo y que sólo las hacía por dinero.
Hace unos meses, Ana Torrent concedió la entrevista más desganada, inútil y antipática de la historia de las entrevistas blogueras (échenle un ojo, especialmente a la última respuesta). Si no le apetecía hablar con ese medio o con nadie, que no la dé, pero evidentemente su actitud estúpida iba en detrimento de la película que supuestamente intentaba promocionar.
Hace menos meses, se anunció la presencia de cuatro protagonistas de “Sin tetas no hay paraíso” en “La Noria”. Amaya Salamanca se negó a promocionar su serie en un programa del “corazón”. Los dos actores, que han intentado sin éxito hacer olvidar al Duque, dieron plantón al programa unas horas antes de que este comenzara. Al final se comió el marrón (maravillosamente bien) la pobre María Castro. En la entrevista sólo se habló de la serie. Nada de preguntas personales. Nada de corazón. Sólo promoción.
Hace unas semanas, la veterana Amparo Baró se cascó un spoiler como una casa contando en una entrevista que uno de los protagonistas moría en el primer capítulo de la nueva temporada de "El Internado". Los responsables de la serie y los fans quisieron matarla a base de porrazos con la dichosa Nintendo DS que anuncian ella y su supuesto “marido”.
Podríamos hacer una lista interminable de cagadas, desplantes e irresponsabilidades varias de nuestras estrellas patrias, pero ¿para qué seguir haciendo sangre?
En las escuelas de interpretación se les enseña la regla de las tres uves. Volumen, Velocidad y Vocalización. Desde este humilde blog se les implora a las Cristina Rotas del país que añadan una uve más…
Ellos son los guapos, los glamurosos, los que supuestamente arrastran a las masas y los que deberían convencernos a golpe de sonrisa y caída de ojos para pagar 8 eurazos por ver su última película.
Ellos se llevan la mayor parte del presupuesto de nuestras producciones. Ellos son los más mimados en los rodajes. Se les trae y se les deja en la puerta de casa, se adaptan los planes de rodaje a sus agendas, nadie les tose si tienen un mal día y si lo tienen bueno tampoco. Así que, mientras que los guionistas o las maquilladoras no despierten el mismo interés entre el público que el que despiertan los actores, el gran peso de la promoción recaerá siempre sobre estos.
Compañeros actores, esto no es un juego de niños. Esto no debería ser negociable. La promoción es clave para que la película de turno sea un éxito o la serie en la que trabajas siga dando de comer a tantos y tantos trabajadores y sus respectivas familias.
Porque actuar no es sólo interpretar un texto y pisar la alfombra roja meses después. Un profesional de verdad es un tipo responsable e implicado con su trabajo, que se prepara las entrevistas, que sabe lo que puede y no puede decir y que transmite tanto buen rollo que nadie podría negarse nunca a pasar por taquilla o a encender su televisor a la hora de tu serie.
Un profesional es el que está dispuesto a enfrentarse a preguntas incómodas, sabe lidiarlas sin perder la sonrisa y va, si es estrictamente necesario ir, a “El hormiguero” a hacer el monguer un rato con Pablo Motos.
Pero claro, las grandes estrellas españolas no se dignan a bajar a esos infiernos. Eso es cosa para los que empiezan o para peña desconocida en plan Hugh Jackman o Will Smith.
Ya saben… Poca cosa.
