
Si usted es de esos que creen que los derechos de autor son el gran mal del S. XXI y se encadena a la bandeja de su cd-rom reclamando el acceso a la cultura de forma gratuita (por encima de los medicamentos, el transporte público o el material escolar) no siga leyendo este post.
A las asociaciones de internautas les cabrea la SGAE.
A la SGAE les cabrea las asociaciones de internautas.
¿Quieren oír otro cabreo tan grande como silencioso en materia de derechos de autor?
A los guionistas de tele les cabrea que el músico se lleve un 25%. Existe un runrún que cada vez se va a haciendo más y más grande. Últimamente parece un tema muy recurrente en las reuniones del gremio.
Imagínense que decido hacer una serie sobre una familia de granjeros ciborgs de Velilla de San Antonio. Ya saben… Con su hija ciborg teenager, el pequeño y travieso miniciborg y un granjero ciborg padre que acaba de enviudar y que se enamora de la humana (interpretada por supuesto por Neus Asensi) que les trae una vez por semana el pienso para sus vacas robóticas. Imagínense que reúno al mejor equipo de guionistas de comedia de España. Y ya, para rematar la faena, se me enciende la bombilla y convenzo a Enrique Búnbury para que me componga el tema central de la serie y varios temas para la banda sonora.
Ciborgs en ambiente rural, Neus Asensi y Bunbury… con estos mimbres nadie dudaría del éxito de la serie. Y efectivamente LO ES.
Imagínense que nos mantenemos en el aire la friolera de 17 temporadas. Han sido muchos años, pero hemos soportado de todo. Neus Asensi nos dejó al final de la tercera para hacer algo mejor en plan “A ver si llego”. Sobrevivimos a una huelga de los actores enanos que interpretaban a los niños ciborgs de la serie. Al final de la cuarta temporada remontamos las audiencias con el fichaje de Ortega Cano interpretando a un entrañable abuelo-robot homeless… Y todo ello a golpe de ingenio y talento guionístico.
Por esas 17 temporadas han pasado muchos escritores que se han dejado las pestañas día tras día en escribir páginas y más páginas. Diálogos chispeantes, giros inolvidables, finales de temporada de infarto… ¡Sobre ellos recayó la responsabilidad de acabar con la vida de Neus Asensi bajo las ruedas de un tractor! Pero fueron tan buenos que el gran público no lo rechazó. Es más, pidió más muertes de ese tipo y Ortega Cano, que se subió a la parra con su caché, acabo muriendo bajo las mismas ruedas del mismo tractor.
Estos genios del guión se dejaron la vida en la serie, pero había algo que mermaba la ilusión de este equipo de guionistas. Ellos iban a currar todos los días a la productora. Entraban a las 10, salían a las 19 (en el mejor de los casos) y sin embargo veían cada seis meses cómo el mamón de Héroes del Silencio se llevaba un 25% del pastel de los derechos de autor por haber compuesto unas cuantas partituras 6 o 7 años antes.
El tío hacía siglos que no dedicaba un solo segundo de su tiempo en la serie y encima ¡echaba pestes de ella cuando le entrevistaban en la “Rolling Stone”!
¿Es justo este reparto? ¿Por qué se acepta tan alegremente? ¿Merece la pena iniciar una guerra interna cuando en los tiempos que corren está todo este tema tan en entredicho?
En la última asamblea de ALMA algunos descubrimos que ese reparto de una cuarta parte para el director, otra para el argumentista, otro para el guionista y otra para el músico era un acuerdo asumido porque sí, pero no inamovible. Es decir, es posible llegar a acuerdos y que el músico sólo se lleve un 5% o que el director cobre directamente el 75%. Sólo hay que lucharlo.
Me dicen que en alguna productora están empezando a tomar medidas reconociendo el esfuerzo obviamente mayor de los guionistas en detrimento de la porción de tarta del compositor.
Quizá va siendo hora de replantearnos determinadas cosas, ¿no?
A las asociaciones de internautas les cabrea la SGAE.
A la SGAE les cabrea las asociaciones de internautas.
¿Quieren oír otro cabreo tan grande como silencioso en materia de derechos de autor?
A los guionistas de tele les cabrea que el músico se lleve un 25%. Existe un runrún que cada vez se va a haciendo más y más grande. Últimamente parece un tema muy recurrente en las reuniones del gremio.
Imagínense que decido hacer una serie sobre una familia de granjeros ciborgs de Velilla de San Antonio. Ya saben… Con su hija ciborg teenager, el pequeño y travieso miniciborg y un granjero ciborg padre que acaba de enviudar y que se enamora de la humana (interpretada por supuesto por Neus Asensi) que les trae una vez por semana el pienso para sus vacas robóticas. Imagínense que reúno al mejor equipo de guionistas de comedia de España. Y ya, para rematar la faena, se me enciende la bombilla y convenzo a Enrique Búnbury para que me componga el tema central de la serie y varios temas para la banda sonora.
Ciborgs en ambiente rural, Neus Asensi y Bunbury… con estos mimbres nadie dudaría del éxito de la serie. Y efectivamente LO ES.
Imagínense que nos mantenemos en el aire la friolera de 17 temporadas. Han sido muchos años, pero hemos soportado de todo. Neus Asensi nos dejó al final de la tercera para hacer algo mejor en plan “A ver si llego”. Sobrevivimos a una huelga de los actores enanos que interpretaban a los niños ciborgs de la serie. Al final de la cuarta temporada remontamos las audiencias con el fichaje de Ortega Cano interpretando a un entrañable abuelo-robot homeless… Y todo ello a golpe de ingenio y talento guionístico.
Por esas 17 temporadas han pasado muchos escritores que se han dejado las pestañas día tras día en escribir páginas y más páginas. Diálogos chispeantes, giros inolvidables, finales de temporada de infarto… ¡Sobre ellos recayó la responsabilidad de acabar con la vida de Neus Asensi bajo las ruedas de un tractor! Pero fueron tan buenos que el gran público no lo rechazó. Es más, pidió más muertes de ese tipo y Ortega Cano, que se subió a la parra con su caché, acabo muriendo bajo las mismas ruedas del mismo tractor.
Estos genios del guión se dejaron la vida en la serie, pero había algo que mermaba la ilusión de este equipo de guionistas. Ellos iban a currar todos los días a la productora. Entraban a las 10, salían a las 19 (en el mejor de los casos) y sin embargo veían cada seis meses cómo el mamón de Héroes del Silencio se llevaba un 25% del pastel de los derechos de autor por haber compuesto unas cuantas partituras 6 o 7 años antes.
El tío hacía siglos que no dedicaba un solo segundo de su tiempo en la serie y encima ¡echaba pestes de ella cuando le entrevistaban en la “Rolling Stone”!
¿Es justo este reparto? ¿Por qué se acepta tan alegremente? ¿Merece la pena iniciar una guerra interna cuando en los tiempos que corren está todo este tema tan en entredicho?
En la última asamblea de ALMA algunos descubrimos que ese reparto de una cuarta parte para el director, otra para el argumentista, otro para el guionista y otra para el músico era un acuerdo asumido porque sí, pero no inamovible. Es decir, es posible llegar a acuerdos y que el músico sólo se lleve un 5% o que el director cobre directamente el 75%. Sólo hay que lucharlo.
Me dicen que en alguna productora están empezando a tomar medidas reconociendo el esfuerzo obviamente mayor de los guionistas en detrimento de la porción de tarta del compositor.
Quizá va siendo hora de replantearnos determinadas cosas, ¿no?