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domingo, 22 de febrero de 2009

La música de la discordia



Si usted es de esos que creen que los derechos de autor son el gran mal del S. XXI y se encadena a la bandeja de su cd-rom reclamando el acceso a la cultura de forma gratuita (por encima de los medicamentos, el transporte público o el material escolar) no siga leyendo este post.

A las asociaciones de internautas les cabrea la SGAE.
A la SGAE les cabrea las asociaciones de internautas.

¿Quieren oír otro cabreo tan grande como silencioso en materia de derechos de autor?

A los guionistas de tele les cabrea que el músico se lleve un 25%. Existe un runrún que cada vez se va a haciendo más y más grande. Últimamente parece un tema muy recurrente en las reuniones del gremio.

Imagínense que decido hacer una serie sobre una familia de granjeros ciborgs de Velilla de San Antonio. Ya saben… Con su hija ciborg teenager, el pequeño y travieso miniciborg y un granjero ciborg padre que acaba de enviudar y que se enamora de la humana (interpretada por supuesto por Neus Asensi) que les trae una vez por semana el pienso para sus vacas robóticas. Imagínense que reúno al mejor equipo de guionistas de comedia de España. Y ya, para rematar la faena, se me enciende la bombilla y convenzo a Enrique Búnbury para que me componga el tema central de la serie y varios temas para la banda sonora.

Ciborgs en ambiente rural, Neus Asensi y Bunbury… con estos mimbres nadie dudaría del éxito de la serie. Y efectivamente LO ES.

Imagínense que nos mantenemos en el aire la friolera de 17 temporadas. Han sido muchos años, pero hemos soportado de todo. Neus Asensi nos dejó al final de la tercera para hacer algo mejor en plan “A ver si llego”. Sobrevivimos a una huelga de los actores enanos que interpretaban a los niños ciborgs de la serie. Al final de la cuarta temporada remontamos las audiencias con el fichaje de Ortega Cano interpretando a un entrañable abuelo-robot homeless… Y todo ello a golpe de ingenio y talento guionístico.

Por esas 17 temporadas han pasado muchos escritores que se han dejado las pestañas día tras día en escribir páginas y más páginas. Diálogos chispeantes, giros inolvidables, finales de temporada de infarto… ¡Sobre ellos recayó la responsabilidad de acabar con la vida de Neus Asensi bajo las ruedas de un tractor! Pero fueron tan buenos que el gran público no lo rechazó. Es más, pidió más muertes de ese tipo y Ortega Cano, que se subió a la parra con su caché, acabo muriendo bajo las mismas ruedas del mismo tractor.

Estos genios del guión se dejaron la vida en la serie, pero había algo que mermaba la ilusión de este equipo de guionistas. Ellos iban a currar todos los días a la productora. Entraban a las 10, salían a las 19 (en el mejor de los casos) y sin embargo veían cada seis meses cómo el mamón de Héroes del Silencio se llevaba un 25% del pastel de los derechos de autor por haber compuesto unas cuantas partituras 6 o 7 años antes.

El tío hacía siglos que no dedicaba un solo segundo de su tiempo en la serie y encima ¡echaba pestes de ella cuando le entrevistaban en la “Rolling Stone”!

¿Es justo este reparto? ¿Por qué se acepta tan alegremente? ¿Merece la pena iniciar una guerra interna cuando en los tiempos que corren está todo este tema tan en entredicho?

En la última asamblea de ALMA algunos descubrimos que ese reparto de una cuarta parte para el director, otra para el argumentista, otro para el guionista y otra para el músico era un acuerdo asumido porque sí, pero no inamovible. Es decir, es posible llegar a acuerdos y que el músico sólo se lleve un 5% o que el director cobre directamente el 75%. Sólo hay que lucharlo.

Me dicen que en alguna productora están empezando a tomar medidas reconociendo el esfuerzo obviamente mayor de los guionistas en detrimento de la porción de tarta del compositor.

Quizá va siendo hora de replantearnos determinadas cosas, ¿no?

domingo, 13 de julio de 2008

El terror de verdad (el contrato II)



La situación era la siguiente: Enrique me había intentado encasquetar a su novia para co-reescribir mi guión. La señorita no le pilla el punto, pero aún así pretende poner mi historia patas arriba y convertir una comedia absurdamente comercial y sin más pretensiones que divertir a la audiencia en un manifiesto sesudo sobre el hombre y la guerra. Yo le deseo la mejor de las suertes en su futura (y casi desahuciada) película porque en mi proyecto no tendría cabida.

Todo esto parecía que no había tenido consecuencias. Somos profesionales y yo acepté “gustoso” su crítica porque se me dejó claro que si no nos entendíamos no estaría obligado a aceptarla como compañera de escritura. Como eso fue lo que pasó, pensé que sería ella y sobre todo él, Enrique, quien tendría que entender que aquella unión era cuanto menos contranatura. Pero las consecuencias en forma de contrato retrasado e hijoputa no se hicieron esperar.

Hablé con Enrique y le dije que no podía firmar ese contrato. Se hace el tonto y me dice que por qué. Que era el mismo borrador de la anterior peli. Claro, mamón, pero es que sobre ese borrador se negoció una serie de mejoras que en este no aparecían de nuevo. Le comento que entre ese desbarajuste hay tres puntos cruciales con los que no pienso tragar:

1.- Por primera vez en mi vida, quería asegurarme una parte de las ventas de un posible remake, adaptación a serie o lo que sea… Sí, llámenme flipao, pero con todo este aluvión de compras de guiones patrios no quería ver cómo pasaba la pasta por delante y no poder ni acariciarla.

2.- Por otro lado estaba lo del dvd… Hay gente que no entiende por qué los guionistas tenemos que seguir cobrando más allá del precio del guión (y te ponen el puto ejemplo de los arquitectos…). Aún así, por suerte parece que los derechos de autor generados por las entradas de cine o los pases en televisión nadie los pone en duda (de momento), pero ¿por qué cuesta tanto entender que tenemos el mismo derecho a cobrar por la venta de nuestras películas o series en dvd? ¿En los cines sí y en la fnac no? Evidentemente esto no les sucede a todos y en nuestra “industria” hay algunos guionistas a los que no se les discute este derecho. ¿Se imaginan a Alejandro Amenábar no cobrando ni un duro por la venta de sus dvds? Sin embargo, los que escribimos blogs con seudónimo tenemos que pelear como canis en una noche de botellón.




3.- Y bueno, ya lo que era intolerable del todo es que me bajaran 12.000 euracos así por la cara con respecto a lo cobrado por el último guión.

¿Sus respuestas? Con respecto a lo primero, lo de las adaptaciones, hablaría con su padre (son expertos en pasarse la pelota el uno al otro hasta marearte) y me harían una propuesta. Lo del dvd era más difícil porque sus abogados se lo tenían prohibido (?) después de que FAPAE, achuchados por las distribuidoras, pidieran a sus socios que no cedieran esos derechos (derechos inherentes del autor y que curiosamente sólo podemos cobrar nosotros). Le digo que en SGAE tienen una cláusula específica para arreglar ese entuerto, pero él de momento no me asegura nada. Y llega el tema pasta…

Su respuesta fue clara y contundente… Después del batacazo de la anterior película es lógico (para él) que yo cobrara menos. “Los cachés suben o bajan en función de lo que vales, ¿no?”

Iba a buscar en youtube una explosión nuclear, pero ya se hacen idea del champiñón de arena y mala hostia que se formó sobre mi cabeza en ese momento.


En próximos posts…
El puto sueldo de un guionista.